Cuerpo, Consciencia y Experiencia

La mente no se encuentra sólo en el cerebro, o será mejor decir que el cerebro ocupa todo nuestro cuerpo, todo nuestro cuerpo tiene por lo tanto, la posibilidad de la plasticidad, de crear nuevas formas corporales y mentales, de transformarse y de moverse hacia una mayor plenitud.

viernes, 13 de abril de 2018

El hábito no hace al monje, pero sí se parece a sus calzones.



Si pones una búsqueda en google con la palabra "hábito" encontrarás miles de resultados que nos dicen cómo afianzar y crear hábitos y sobre las virtudes de estos en la alimentación, el ejercicio, los pensamientos positivos y más, pues... ¡naahhhh! no estoy tan segura que los hábitos sean tan virtuosos. 
¿Qué es un hábito?
Según el diccionario de la lengua española un hábito es un "modo especial de proceder o conducirse adquirido por repetición de actos iguales o semejantes , u originado por tendencias instintivas" .
Dicho de otra manera, es un acto repetido que acaba volviéndose automático, lo cual tiene muchos resultados deseables.
ü  Se instaura en el comportamiento de la persona de manera automática, forman parte de la rutina.
ü  No requiere del esfuerzo de elegir o evaluar su conveniencia, lo cual libera gran cantidad de energía para otras tareas que sí requieren de un esfuerzo de concentración y evaluación. Un ejemplo de esto puede ser lavarse los dientes o bañarse todos los días.

¿Son todos los hábitos "positivos" positivos?
El hábito se repite automáticamente sin casi ningún esfuerzo y eso es deseable para ciertas conductas, pero ¿qué pasa con los enaltecidos hábitos de alimentación?   Se habla mucho de crear en nosotros y en los niños el hábito de comer verduras, frutas, de no comer comida chatarra, etc.

Sin embargo,  los hábitos son repetitivos automáticos e iguales y no toman en cuenta el entorno, las necesidades, el estado emocional y psíquico.  Si tenemos el hábito de cenar ensalada todos los días, al parecer suena muy sano, pero no lo es, porque no estamos tomando en cuenta la cualidad cambiante de nuestro cuerpo y sus necesidades que no son las mismas todos los días. 
Si nuestra alimentación se basa en hábitos, acabaremos negando nuestras necesidades, las cuales al no ser satisfechas tendrán que volverse más fuertes y apremiantes.   Así, un día sin pensarlo, tiras la ensalada a la basura y te comes todo lo que hasta ahora te has negado sintiéndote culpable por no poder ser capaz de tener "buenos hábitos".
Los hábitos nos sirven para dar cierta estructura y continuidad a ciertas conductas, sin embargo si se rigidizan, perdemos el contacto con nuestras necesidades presentes y las posibilidades actuales del entorno lo que nos resta fluidez y espontaneidad.

Los hábitos son como los calzones
La estructura que nos dan los hábitos se puede comparar a lo que buscamos en unos calzones (¡¿?!).... permíteme que me explique.  Queremos usar ropa interior que nos dé apoyo y contención, pero que nos permita el libre movimiento.  Cuando está muy suelta no nos proporciona soporte y si está muy apretada nos incomoda y restringe.  Estas preferencias varían de persona a persona. Hay quien prefiere la comodidad de los guangos y grandes y otros se sienten mejor con las tangas apretadas.  Igual sucede con los hábitos, lo que es apoyador para una persona resulta asfixiante para otra.


 Necesitamos hábitos que nos proporcionen estructura y nos permitan automatizar ciertas tareas, pero que no nos resten creatividad, intuición y libertad.  Claro que tendremos que invertir cierto esfuerzo en sentirnos y en ver las posibilidades presentes en el entorno, pero tendremos mayores posibilidades de elegir acertadamente.
Ej.  Hábitos deseables:  comer sentados, asegurarnos un horario de comida libre de distracciones, masticar con la boca cerrada,  lavarnos las manos antes de comer. estar atento a las señales de hambre y sed.
Hábitos restrictivos:  Comer ensalada todos los días, no comer pan en la cena, no comer nada después de las 6 de la tarde, desayunar siempre fruta, obligarse a tomar 2 litros de agua diarios.

Tú ¿qué prefieres?,  ser una criatura de hábitos o habitar en la creación del presente. 




¡Sáquenme de aquí! Cómo sobrevivir las SDLF


 Mujer Desesperado Triste Lágrimas Llorar D

La vida es así, no hay como hacerle.  En algún momento vamos a estar en una situación displacentera.  Este tipo de situaciones varían en duración e intensidad, van desde la fila del banco, los trámites engorrosos, el tráfico, hasta la enfermedad, el duelo y la crisis.   
Para empezar, describiré estas situaciones a las que llamaré Situaciones de la Fregada (SDLF).
Þ Van desde la incomodidad, la molestia hasta el dolor profundo.  Desde la flojera hasta el miedo atroz a pasar por ellas.
Þ   Son inevitables o son necesarias para conseguir un bien mayor .
Þ   Si hay algún tipo de escape o supresión, el costo es mayor.
Þ   Queremos evitarlas o pasarlas lo más rápido posible.
Þ   Nos referimos a ellas como pérdidas de tiempo, vacíos, hoyos o baches. 
Huir de lo doloroso o incómodo es un instinto que nos permite sobrevivir, por eso intentamos salir corriendo de las SDLF y pensamos que el estar ahí  no es parte de la vida; que el estar triste, confundido, frustrado, con baja energía, no es vivir... Lamentablemente, en la vida no hay planes preferentes, no puedes escoger el plan sin rupturas, duelos, sin tráfico, sin obstáculos. Estos momentos son parte del tejido de la vida y de hecho, es en estos períodos donde muchos encuentran el sentido de la vida, pues nos quitan del automático, sacándonos de la zona de confort y dándonos la oportunidad de explorar otras posibilidades y territorios.
Cuando estés en una SDLF:
1. Respira y baja el ritmo: Si la situación es peligrosa y hay manera de escapar ¡hazlo!, pero si no hay de otra, bájale a la prisa y a la desesperación.  Adecúa tu ritmo para ubicarte en el aquí y el ahora.  La mejor manera de hacer esto es poniendo atención a tu respiración.
2. Atención con curiosidad:  Esta habilidad nos permite abrirnos a lo que sí hay en este momento sin esperar.
¿Cómo se siente en mi cuerpo?, ¿cómo respondo?, ¿qué necesito?, ¿qué y quiénes me rodean?, ¿cómo me apoyan y me apoyo?, ¿qué perciben mis sentidos en esta situación?, ¿qué juicios y evaluaciones hago?, ¿hay otra manera de verlo?, ¿qué estoy perdiendo y obteniendo?, ¿qué más hay aquí aparte de lo evidente?
3. Resiste la tentación de transformar a positivo:   No trates de endulzar la píldora, ni de suprimir lo negativo. El modo "solución"  frustra y contrae.  Esta SDLF no se siente bien.  Acepta eso.
3. Suspender los juicios:  Los juicios son evaluaciones que categorizan la situación de acuerdo a un esquema de valor. Llevan las palabras "mejor", "peor", "bueno", "malo", "debería", "no debería".  Esto no es bueno ni malo, no es mejor o peor, simplemente es como es.
4.  Entrégate a la experiencia:  Vívelo, siéntelo, no luches, no te resistas, no quieras cambiarlo. Lo paradójico es que cuando vivimos la experiencia sin resistencia, el dolor y el displacer se transforman.  Nos abren a una nueva dimensión que no es positiva ni negativa, se llama presencia y tiene el sabor de estar vivo.
5. Sé amable:  Con tu parte desesperada, con la enojada, con la que emite juicios. Trátate con cariño y paciencia, como tratarías a un amigo que la está pasando mal.
6. Practica: Empieza con las menos difíciles: fila en la tienda; y ve escalando la dificultad:  trabajar en sábado, discusión con tu pareja, etc.
7. Apoyo: Si la SDLF es grave, como en el caso de una pérdida importante, rodéate de personas que puedan sostenerte y contenerte:  familia, amigos, terapeuta.   Transitar estas situaciones es difícil.  No lo hagas solo.


            Te deseo consciencia y presencia en tu siguiente SDLF.

jueves, 12 de abril de 2018

¡Apúrale!






¿Tienes prisa? 

Yo sí.  La mayoría del tiempo.  Si leo un texto como este, extraigo un par de palabras y luego me voy a los puntos principales ¿Para qué detenerme leyendo todo el rollo?

Si te pasa como a mi, seguramente ya dejaste de leer en este párrafo, si pudiste llegar hasta aquí... ¡Felicidades! Eres de los pocos especímenes humanos modernos que leen completos los artículos en línea.  
Nota qué fue lo que hiciste para seguir leyendo
            ¿Respirar?
                                   ¿Bajar el rimo?
                                                           ¿Cómo se siente?

La prisa nos permite ir a gran velocidad, abarcar más y tener mayor información; con el inconveniente de que todo pasa tan rápido que apenas nos damos cuenta de lo que sucede. Estamos pensando en el siguiente paso y para eso contraemos el cuerpo, la respiración se hace rápida y superficial;  los ojos se fijan en el plano sagital y dejamos de ver lo que está alrededor nuestro. La prisa funciona igual que los parches que le ponen a los caballos que jalan carretas.






Claro, que nos permite llegar a tiempo  y a veces es necesario y deseable entrar en ese estado, pero ¿qué pasa cuando ese estado se ha quedado fijado y no podemos salir de él?

Si estamos permanentemente apresurados seguramente tendremos una imagen de productividad. La prisa y el estar ocupado, de preferencia en varios asuntos al mismo tiempo, es reforzado en nuestra cultura.   Pero, ¿en realidad somos tan productivos y eficaces en nuestra prisa?

La respuesta es NO. 

Podemos ilustrar esta declaración con la leyenda del semidios polinesio Maui [1].

En los orígenes de la vida Maui levantó el cielo para que los humanos pudieran caminar erguidos y el Sol se pudiera  elevar sobre la Tierra. Solo que, el Sol era muy egoísta y le gustaba cruzar de prisa el cielo. Tan rápido iba que a las personas no les daba tiempo de pescar, plantar comida, o secar sus vestiduras.  Empezaron a enfermar y a deprimirse.

Maui creó un plan.  Se ocultó en el extremo este del volcán más alto y calculó el camino diario del Sol.  Ató largas cuerdas formadas por el pelo de su hermana y formó un lazo.
A la mañana siguiente, el Sol salió de nuevo acelerando su paso a través del cielo, 
Maui atrapó el primer rayo y lo ató a un árbol. Poco poco lo fue atando rayo por rayo.

Al verse inmóvil, el sol aceptó negociar.  Prometió cruzar lentamente el cielo, lo que permitió que la Tierra tuviera condiciones propicias para  prosperar y florecer. 
El ritmo vertiginoso no es ambiente propicio para el sustento, tanto físico como emocional: nuestros sentidos se cierran en un objetivo, no saboreamos la comida, no vemos los colores, no apreciamos los sonidos y no notamos la presencia de las personas que nos acompañan y, al igual que el Sol, pasamos tan rápido que no dejamos que nadie se nutra de nuestra presencia.  Esto, sin mencionar el desgaste sufrido. El funcionamiento natural  del cuerpo requiere fluctuar de la activación (sistema nervioso simpático) al reposo y reparación (sistema nervioso parasimpático).

La activación constante a la que sometemos a nuestro organismo obedece a la exigencia de la mentalidad pragmática, orientada a resultados que rige nuestros tiempos.   El proceso, conformada por los trayectos, desviaciones, trámites e interrupciones, es descartado por ser una pérdida de tiempo.
Los vacíos y el silencio no pueden ser notados y honrados en un ritmo frenético, que ahoga toda posibilidad de novedad, ya que es en estos lapsos de silencio donde se forman nuevas conexiones neuronales (Kirste, Kronenberg, Nicola, & Kempermann, 2013).

Es en este ritmo pausado y espaciado donde reside el poder del cambio.  En la prisa repetimos, en la pausa notamos, descubrimos y creamos nuevas formas.
La siguiente vez que estés apurándote; detente, respira y cambia tu mirada, voltea a tu alrededor y contempla todas las posibilidades.
¿Qué aparece cuando sueltas la prisa?


Trabajos citados

David, M. (2015). The Slow Down Diet. Rochester, Vermont: Healing Arts Press.
Kirste, I., Kronenberg, G., Nicola, Z., & Kempermann, G. (2013). Is silence golden? Effects of auditori stimuli and their absence on adult hippocampal neurogenesis. Bain Struct Funct (220), 1221-1228.










[1] Citada en el libro de Slow Down Diet (David, 2015)

miércoles, 7 de diciembre de 2016

SIGUES AQUÍ (Recordando a mi papá)

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Hace un año te fuiste.  No sé exactamente a dónde. Quizá al "cielo" el cual me imagino como un lugar apacible en donde todos visten de toga blanca, corona de laurel y caminan o vuelan con alas de ángel entre nubes y rayos de luz blanca... Parece un buen lugar, pero no estoy tan segura que exista tal como yo me lo imagino pues esta imagen no ha variado desde que tengo 6 años.

A lo mejor oíste las indicaciones que te daba cuando dejaste este cuerpo y te leí el Libro Tibetano de los Muertos.   Te advertí de las deidades que podías encontrarte en los Bardos y  te repetí una y otra vez que no tuvieras miedo y vieras directamente a la luz.  Espero que hayas podido oír mis instrucciones y hayas atravesado sin contratiempos. Que no te hayas sacado de onda con las deidades pacíficas ni con las super freaky que comían cráneos y escupían sangre.  Ojalá y hayas llegado con bien al portal del útero y renacer, o mucho mejor, hayas llegado al Nirvana para fundirte con la inteligencia universal de la que todos formamos parte.

También puede ser que tu energía se haya dispersado y esté presente en nuevas configuraciones.  El  el aire que respiraste sirve de sostén para el vuelo de una mariposa, forma una nube o mece los árboles frente a mi.  A lo mejor las vibraciones de tu voz han viajado desde la última vez que hablaste y ahora van rondando la Luna. Es probable que el calor que emitió tu cuerpo junto con las partículas que, siguiendo tu naturaleza osada y aventurera hayan alcanzado a escaparse de la urna, estén ahora explorando, jugueteando y volando libres por la atmósfera.  Algunas finalmente cayeron a la tierra y ahora son parte del suelo fértil o del polvo que sacudo en mi casa.

Todos estas son suposiciones e imaginaciones de lo que pudo haber pasado con tu ser energético y corpóreo, pero no puedo afirmar que ninguna sea cierta.  La única certidumbre que tengo es que estás en mí, que nunca te fuiste: estás en mi ADN y lo confirmo cada vez que veo mis manos que son iguales a las tuyas; estás en mis caminos neuronales en forma de recuerdos y memorias. Ahí puedo verte una y otra vez.  Vives en mí cuando repito alguna de tus expresiones, cuando como tus platillos favoritos o cuando escucho tus palabras dentro de mi cabeza y mi corazón.

Hace un año que te fuiste, no podía entender por qué mi tristeza era suave y gentil; casi no dolía, tenía un sabor agridulce que más se parecía a la nostalgia y a la añoranza.  Al principio pensé que era porque te había visto impotente y frustrado en un cuerpo envejecido y enfermo el cual no respondía los mandatos del joven vibrante que llevabas dentro.  Pero ahora me parece más claro... no estoy triste porque sigues conmigo.

Gracias por tu vida y por la mía.



lunes, 10 de octubre de 2016

Me siento ... ¿gorda?

¡Me siento gorda!



Así decía muchos días, no tenía que ver con mi estado corporal, tampoco con lo que había comido.   Se manifestaba como una sensación difusa de cansancio, combinada con baja energía y necesidad de dormir más y comer.   En los días que me sentía así , el tren de pensamiento era el siguiente:   “Me siento gorda” = “Nadie me debe ver” = “Estoy fea y soy inútil” 
Imagen:  Fat por Alex Ereni, Flickr

Todos estos  pensamientos matizados por “Deberías no sentirte así”, “Si fueras delgada esto no te sucedería”, y coronados por la culpa de sentirme una persona no deseable y poco productiva.  Todo esto se aliviaba por momentos dándome un gran atracón y luego resolviendo que al día siguiente me iba a poner a dieta y todo se iba a resolver.  En ese periodo esa era mi solución universal.  Me llevó muchas horas terapia y trabajo emocional encontrar que lo que había en el fondo de ese “Me siento gorda”.   Esa sensación difusa enmascaraba  muchas otras necesidades, que al negarlas y disfrazarlas de “gordura” se habían quedado ahí, depositadas, esperando satisfacción.  


Ese “Me siento gorda”cubría un abanico de sentimientos que yo había querido resolver con mi ya conocido.  “Hoy me atraco y mañana empiezo la dieta”  entre los que generalmente se encontraban:  cansancio, necesidad de soledad e introspección, tristeza, miedo y enojo.  
Cuando empecé a trabajar con cada uno de ellos me di cuenta de los mensajes tan valiosos que estos portaban.   Estas emociones me estaban alertando sobre mi lugar en la vida, me estaban diciendo:  “Ve más despacio”, “Ten cuidado”, “Este no es tu lugar”; y yo en vez de oír sus mensajes les ponía a todo la etiqueta de “gordura” e imaginaba que me sentía así por estar pasada de peso.
Es muy común que en la práctica terapéutica lleguen conmigo personas diciéndome lo mismo:  “Me siento gorda”  Han aprendido a manejar su vida emocional mediante este estado corporal al igual que yo lo hacía.  Esto no es gratuito:  la gordura se ha asociado a cualidades tales como flojo, sucio, feo, solo, asexual.  Mientras que la delgadez se le ha asociado a belleza, energía, limpieza, productividad
Es así como hemos asociado estados de ánimo positivos con delgadez e incómodos con gordura.  El peligro es que todos los estados emocionales (aun los incómodos)  nos están informando sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno y si no los atendemos no podemos hacer los cambios correspondientes.   Y no… por más que nos lo han vendido hasta el cansancio, no desaparecen cuando  adelgazas o cambias tu cuerpo.


Si pudieras nombrar los estados emocionales y físicos que tienes asociados a "sentirte gord@" (o delgad@) ¿Cuáles serían?  Haz una lista.  Puedes incluir el nivel de energía, grado de exposición que toleras, emoción predominante (miedo, tristeza, enojo, alegría, afecto), tipo de ropa y colores que prefieres usar, qué tipo de alimentos se te antojan.  Hacer este recuento con curiosidad y sin juicios   De esta manera más que rechazar o desear un estado, nos podemos dar una idea de qué es lo que necesitamos en el momento, que no va a ser igual todos los días.  



La naturaleza y el mundo tienen una cualidad transitoria y fluctuante, están en cambio constante, igual nuestro cuerpo y nuestras emociones.  La ilusión de que podemos estar siempre iguales o quedarnos en un peso o un estado de ánimo es irreal.   Sólo nos queda abrirnos a las posibilidades de este cambio constante y acomodarnos en lo que necesitamos cada día.








miércoles, 14 de septiembre de 2016

Como se lleva un lunar o reclamar nuestro derecho a la infelicidad

Como se lleva un lunar, muchos podemos una mancha llevar.
En este mundo tan profano, quien muere limpio, no ha sido humano.
                                              - Alvaro Carrillo.






Imagen:  dirty por wing_mandy

¿Qué perseguimos todos los días? ¿Cuál es el propósito de todo lo que hacemos?   Para muchos esta respuesta es obvia y simple:  "ser feliz", lo que suena muy bien, pero… ¿en qué consiste esta felicidad?

Se habla de alcanzar la felicidad,  así la felicidad es un algo fuera de nosotros al que se aspira llegar y según nos dicen, se llega ahí de distintas maneras: encontrando la pareja ideal; el éxito profesional y económico;  formando una familia o bien, teniendo la apariencia o el cuerpo perfecto (lo que sea que esto signifique). 

Muchos vivimos pensando que si logramos alguna de estas cosas, todo cambiará y "seremos felices para siempre". 
           
Esta idea de la felicidad como algo condicionado e inmaculado en donde es nuestra obligación estar todo el tiempo,  a mí la verdad me causa desconfianza, por no decir que me repatea.

Por otra, parte si la felicidad sólo se consigue a través de ciertas condiciones que involucran un gran esfuerzo y sacrificio de nuestra parte, la sola idea de lograrla deja de ser tan atractiva por efímera y volátil. 

Según estos razonamientos la felicidad es para muy pocos y no todos pueden conseguirla.  

Este razonamiento surge del pensamiento práctico – utilitario, que hace énfasis en el resultado, lo visible, lo medible y se deja de ver el proceso, el camino descartando la vivencia y la experiencia como factores sin importancia.  Alan Watts decía que ver el camino como un simple trámite es como comerse únicamente los dos extremos de un plátano desechando todo lo demás de la fruta por inservible, lo cual no resultaría para nada satisfactorio.  Así nos pasamos transitando de logro en logro, de resultado en resultado, sintiéndonos vacíos y hastiados en el inter.

¿Cómo volvemos a encontrar el gozo del camino?

Administrar una casa de huéspedes

Esto de ser un ser humano
es como administrar una casa de huéspedes.
Cada día una nueva visita, una alegría, una tristeza,
una decepción, una maldad,
alguna felicidad momentánea

que llega como un visitante inesperado.
Dales la bienvenida y acógelos a todos ellos,
incluso si son un grupo penoso
que desvalija completamente tu casa.
Trata a cada huésped honorablemente pues
podría estar haciendo espacio para una nueva delicia.
El pensamiento oscuro, lo vergonzante, lo malvado,
recíbelos en tu puerta sonriendo e invítalos a entrar.
Agradece a todos los que vengan
pues se puede decir de ellos que han sido enviados

como guías del más allá.
                                                           - Rumi


La aceptación tiene que ver con abrirse, con dejarse impactar con lo que hay, sin juicios ni expectativas

Cuando aceptamos lo que hay podemos experimentar el viaje con todas sus peripecias.   Implica ver el presente tal cual es y estar en cada momento aun y cuando no sea placentero o de nuestro entero gusto. 

La aceptación suena muy amenazante para muchos, pues sienten que al relajarse se derrotan, pero no es lo mismo.   En la aceptación, seguimos viendo el objetivo pero con una mirada abierta, no sólo fija en el final, sino permeable a lo que encontramos en el presente.   Se pierde la prisa y se es consciente de cada paso.  

Thich Naht Hahn dice que si nos detenemos el tiempo suficiente en cualquier objeto, situación o momento, un universo se abre ante nosotros.  Así si ponemos atención y vemos con aceptación al momento presente, ante nosotros se abre un abanico de posibilidades: formas, colores, sabores, contacto.  Encontramos lo nuevo en lo cotidiano y miramos con ojos nuevos lo ya conocido, incluso las experiencias que calificamos como negativas se tiñen de un matiz distinto cuando las abrazamos con aceptación en vez de luchar en contra de ellas.  

Reclamar nuestro derecho a ser infeliz

“Aquí preferimos las cosas así," respondió el Controlador. " Preferimos hacer las cosas cómodamente."
"Yo no", repuso el Salvaje. "Yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, Quiero poesía. Quiero peligro. Quiero libertad. Quiero poder escoger entre la bondad y el pecado."
"De hecho," dijo Mustafá Mond, "estás reclamando tu derecho a ser infeliz."
"Sí" respondió el Salvaje con enojo. "Estoy reclamando el derecho de ser infeliz."
"Estás reclamando el derecho de volverte viejo 
y feo. El derecho de enfermarte. El derecho de no tener suficiente para comer. El derecho de vivir con miedo a lo que pueda pasar mañana. El derecho de sufrir dolor."
Hubo un largo silencio.
"Reclamo todas esas cosas," dijo el Salvaje por fin.
Mustafá Mond lo miró con tristeza. "Puedes tenerlas" le dijo.

- Huxley A., Un mundo feliz
Imagen: Some people are never just happy! por Craig Sunter.  

La felicidad se vende como el estado en donde no hay problemas, percances, accidentes, situaciones dolorosas, enfermedades, etc. Lo que limita su alcance, pues estos son aspectos imposibles de erradicar de nuestra vida, aun y cuando nos hagamos la ilusión de "prevenirlos".  

Así, tenemos programas de prevención para todo lo imaginable. "Más vale prevenir que lamentar" oímos en todas partes. Lo que reside detrás de esta obsesión por la prevención es un profundo temor.   Este miedo flotante acaba creando atmósferas desvitalizadas, restrictivas y estresantes, por ende agresivas lo que crea un efecto paradójico.

Un ejemplo de esto son  los programas anti- obesidad que se han aplicado en Estados Unidos que lejos de lograr sus objetivos,  han creado un ambiente gordo - fóbico promotor de conductas alimenticias conducentes a TCA (University of Michigan Health System, 2012) (Pinhas, McVey, Walker, Norris, & Collier, 2013) 

El efecto paradójico “miedo llama peligro”.

Para nada estoy invitando la imprudencia ni la falta de planeación que sería el otro extremo, pero creo que la previsión se ha convertido en un deseo de control basado en un miedo atroz. 

Me parece conveniente aclarar que yo soy ultra miedosa y que soy una de estas personas previsoras - controladoras, sobre todo en lo que respecta a mis hijos: cuando eran más niños cada vez que llegaban a una fiesta infantil yo escaneaba la zona en busca de riesgos; si  se subían a un inflable, pasamanos, etc.  estaba yo abajo o a muy poca distancia elaborando estrategias de contingencia.  Nunca salgo sin un botiquín y pienso en todo lo malo que pueda suceder antes de salir de viaje.  

Este afán por controlar que nada malo pase, más que darme tranquilidad me ha robado varias oportunidades de disfrutar y de lo único que me ha salvado es de experimentar esos momentos con mayor plenitud. Cuando tengo miedo me vuelvo histérica y regañona, por lo que le amargo el momento a los presentes y trasmito la creencia de que vivimos en un mundo peligroso. 

Todo lo terrible que me imaginé que iba a suceder, nunca sucedió y lo que sucedió fue completamente imprevisto y no había forma de controlarlo, porque así es la vida, nos sorprende con lo que menos esperábamos.  

La vida no es controlable (dicho de otra forma, la prevención no existe)

Hace poco asistí a una conferencia del Dr.  Giorgio Nardone (2016), fundador de la Terapia Breve Estratégica,  y uno de los asistentes le preguntó cómo se podía usar su técnica para un programa de prevención.  Su respuesta fue contundente y desconcertante para los asistentes: "La prevención no funciona". 

Posteriormente explicó que él había participado en varios programas de prevención de Trastornos de la Conducta Alimentaria en escuelas y que después al hacer un seguimiento de su efectividad, se registró un incremento de conductas y prácticas relacionadas con este tipo de trastornos, justo en las poblaciones que habían recibido el programa de prevención, en comparación con aquellos grupos en los que no se había impartido.  - "Se crea un problema en donde no había" - enfatizó.  Por último bromeo al decir: -"Si eres un psicoterapeuta y quieres tener pacientes, ve y da una plática de prevención sobre cualquier problema, posteriormente regresa y seguramente vas a tener a muchas personas ya con ese problema".  Toda la audiencia rió ante esta observación, pero su aseveración retrata muy bien lo que sucede con esta obsesión por la prevención.



"El obstáculo es el camino" - Proverbio Zen.

La enfermedad, los errores, los tropiezos, los accidentes y la muerte son parte de la vida y también parte de la felicidad.  Es a partir de éstos que experimentamos toda la gama de emociones con la que estamos equipados, gracias a ellas nos vinculamos con otros y nos enriquecemos.

Nadie nos vamos de esta vida impolutos, bien lo dice la estrofa de la canción del Alvaro Carrillo con la que comencé este artículo.  Tenemos dos maneras de enfrentarnos a esto:

1) Verlo como obstáculo, lo que necesariamente nos lleva a lamentarnos, volvernos víctimas, buscar culpables, paralizarnos, entrar en modo de lucha y alerta.  Corporalmente nos contraemos y nos desensibilizamos y /o nos depletamos de energía (aparte de que le amargamos la vida a todos los demás)

2) Verlo como un camino o una oportunidad de aprendizaje.  Para verlo de esta manera es necesario abrirnos, dejar los juicios de lado para ver la situación con perspectiva y curiosidad.  Aquí la aceptación juega un rol preponderante.  
Darnos cuenta que la situación es como es.   Probablemente vamos a sentir muchas emociones desagradables y difíciles, y toca abrirse a ellas y entregarse a ellas con la misma apertura que nos entregamos a las agradables, pues el único camino para salir del bosque es a través de éste.

Seguramente te ha tocado vivir situaciones difíciles: duelos, pérdidas, accidentes, enfermedades, adicciones, etc.  ¿Recuerdas cómo te enfrentaste a ellas?  ¿Cómo las atravesaste? ¿Qué recursos te ayudaron?  y la última pregunta...

¿Si fueras capaz de borrar estas situaciones de tu vida lo harías?


Trabajos citados

Nardone, G. (2016, Febrero 20). Como curar con las palabras. El arte de la reestructuración y la sugestión [conferencia]. México, D.F.

Pinhas, L., McVey, G., Walker, K. S., Norris, M., & Collier, S. (2013). Trading Health for a Healthy Weight: The Uncharted Side of Healthy Weights Initiatives . Eating Disorders: The Journal of Treatment & Prevention, 21(2). DOI: 10.1080/10640266.2013.761082. Retrieved from Eating Disorders: The Journal of Treatment & Prevention: http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/10640266.2013.761082


University of Michigan Health System. (2012, Enero 27). School obesity programs may promote worrisome eating behaviors and physical activity in kids. ScienceDaily. Retrieved September 3, 2013, from http://www.sciencedaily.com­ /releases/2012/01/120124151. Science Daily.

martes, 11 de febrero de 2014

"Una piedra en el camino, me enseño que mi destino.."



"¿Este camino tiene corazón?  Si lo tiene, el camino es bueno; si no lo tiene, no sirve de nada.   Ambos caminos conducen a ninguna parte; pero uno tiene corazón, el otro no.  Uno hace alegre el viaje; mientras lo sigas serás uno con él.   El otro hará que maldigas tu vida.  Uno te fortalece; el otro te debilita".    - Carlos Castaneda, Las Enseñanzas de Don Juan




    Sísifo es un personaje de la mitología griega, que en vida fue avaro y mentiroso. Al morir, en el infierno, Sísifo fue obligado a cumplir su castigo, que consistía en empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzara la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio, una y otra vez.

    Uno se preguntará ¿por qué no suelta la maldita piedra y se pone a hacer otra cosa?   Pues porque siempre cree que va a llegar a la cima y que una vez ahí, llegará a su meta y tendrá todo lo que quiere.  Antes de renunciar a rodar la piedra, tendría que soltar la idea de que tiene que llegar a la cima.

   Sísifo fue un avaro en vida, como decimos en México, era un "agarrado", esto quiere decir que el castigo impartido por Hades en el inframundo era sólo una metáfora de cómo había vivido:  agarrado a algo inservible y consumiendo su energía sólo en eso.

   Como dije antes, lo primero que Sísifo tendría que hacer (si es que sigue en el inframundo rodando su piedra) es soltar la creencia de que en la cima se encontrará la solución de sus problemas.   Esto no sólo le sucede a Sísifo, sino es algo muy común.   Pasamos grandes esfuerzos para bajar de peso, conseguir pareja, ganar dinero, ascender de puesto, etc.  A diferencia de Sísifo que nunca llega a la cima, nosotros a veces cumplimos con nuestras metas.  Nos paramos ahí en la cima y  nos damos cuenta, después de la exaltación primera, que seguimos siendo los mismos, que nos seguimos sintiendo iguales y que estar ahí no nos brindó la completitud que prometía.  Nos quedamos expectantes y desilusionados preguntándonos ¿Y ahora....?  hasta que nuestros ojos encuentran una nueva pendiente, más escarpada aún.  Así que decidimos que ésa es la buena y agarramos nuestra piedrita y ¡a darle!.

   Una de las primeras preguntas que les hago a las personas con las que trabajo es ¿Cómo sería tu vida si alcanzaras tu peso ideal y la comida ya no fuera un problema?   Las mayoría de las respuestas que obtengo tienen que ver con un paisaje idealizado de como se percibe la cima.  Los comentarios van desde la idealización positiva -  "Por fin sería feliz", "Tendría más éxito en el trabajo", "Todos me querrían", "Tendría pareja" - hasta la fantasía catastrófica: "Sería vulnerable al acoso sexual", "Me volvería presumida e insensible con los demás" y/o "Querría serle infiel a mi esposo".

   No es de extrañarse que se tengan este tipo de percepciones tan lejos de la realidad:   a diario somos bombardeados incesantemente por mensajes que nos dicen que tener el cuerpo perfecto nos va a brindar el paraíso terrenal y será el fin de todos nuestros problemas y dificultades... y no sólo eso,  sino que también cuando estemos ahí seremos una persona diferente, como si el llegar a la cima nos dotara automáticamente de poderes mágicos desconocidos.  

El asunto es que nuestra vida se nos va en rodar la méndiga piedra.  Consumimos nuestra energía en una tarea ardua, pesada y completamente infructuosa.  Susie Orbach explica: "La tragedia reside en el hecho de que la obsesión hace uso de la energía que podríamos utilizar para cambiar las cosas que somos capaces de afectar" (1) 


 ¿Es así como queremos vivir nuestra vida?   ¿Vale la pena la energía que invertimos en hacer una y otra vez lo mismo esperando diferentes resultados?


    Lo difícil de soltar la piedra es que el hacerlo implica quedar en el vacío, ya sea por unos instantes o por un tiempo prolongado. Por lo menos Sísifo tenía la seguridad de que tenía un plan: "todos los días levantarse muy temprano a empujar la piedra", ya sabía como hacerle, ya conocía el peso de la piedra y la pendiente de la montaña.  No había nada de qué preocuparse.

  Decidir soltar la piedra implica quedarse sin nada:  sin metas, sin quehacer, sin recursos; y simplemente abrirnos a ver qué hay que no sea la piedra.  Contemplar nuestro alrededor, mirar dentro de nosotros con apertura. Permitir y dar tiempo a que surja lo que tenga que surgir.   Guiarnos por nuestra intuición y por nuestras sensaciones para ver qué necesitamos y hacia dónde queremos ir.  Cuando regresamos a nosotros mismos es cuando podemos encontrar nuestro camino, el cual es aquel en donde el proceso de día a día es por sí mismo gratificante, emocionante y pleno; es aquel que nos permite satisfacer nuestras necesidades, nutrirnos y a la vez amar, crear y trabajar desde un lugar de apertura y gozo.  Puede ser que este camino sea aún más difícil y tenga más obstáculos que la pendiente por la que antes empujábamos la piedra.   La diferencia estriba en que en éste no es tan importante llegar a un fin, sino simplemente estar presente en cada paso que damos. 




Referencias. 

1.  Orbach, Susie (1997)  Fat is a Feminist Issue. United Kingdom: Random House. Arrow.